Crisis y Comunicación
El miércoles 23 de septiembre de 2010, Blockbuster, la mayor cadena de alquiler de vídeos de Estados Unidos, se declaró en quiebra, con una deuda superior a los 1.000 millones de dólares, debido a que no podía competir con en el aquel entonces nuevo sistema de descarga y visualización de películas a través de internet, Netflix. La empresa en aquel entonces tenía más de 5000 locales en todo el mundo, 3000 de ellos en Estados Unidos, los cuales se vio obligado a cerrar por falta de clientes.
Posteriormente, en 2011 Dish Network absorbió la empresa con el plan de cumplir el cierre gradual de las 1.700 tiendas físicas que aún quedaban y conservar la marca para lanzar un servicio de video bajo demanda que compitiese con Netflix., pero falló en su intento, por lo que tras sus desastrosa estrategia las 300 tiendas propias que aún operaba la compañía fueron cerradas en enero de 2014.
Todo esto podría haberse evitado si en la década de los 2000 la empresa de alquiler de vídeos hubiese aceptado el acuerdo que le ofrecieron los principales ejecutivos de Netflix al liderazgo de Blockbuster, la fuerza dominante en el alquiler de películas en ese momento, acerca de tomar aproximadamente el 50% de participación en su startup. Y así juntos expandirían el naciente servicio de suscripción a DVD. Obviamente ese trato no favorecía de ninguna forma a la empresa líder de alquiler de vídeo en tiendas físicas por lo que rechazó el contrato, su falta de visión hacia el futuro le costó muy caro y tanto es así que en la actualidad Netflix gobierna el panorama del entretenimiento con 130 millones de suscriptores en casi 200 países, una creciente lista de programación galardonada y una capitalización de mercado de más de 150,000 millones.
Esto nos enseña que una empresa siempre debe de estar preparada para adaptarse y desarrollarse, al igual que pasa con la profesión del periodista que, sino se forma y especializa en las nuevas tecnologías, quedará obsoleta en pocos años.
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